Roberto Centeno

 

ECONOMIA: EL PUNTO DE INFLEXION

04.06.2007

El súbito desplome hace unas semanas de la cotización de la inmobiliaria Astroc, su contagio al resto del sector y el incremento consiguiente del riesgo al país, han encendido todas las alarmas entre los inversores que temen, no sin fundamento, el que esto sea, como apuntaba el ‘Financial Times’, el principio del estallido de una burbuja inmobiliaria, que de producirse tendría graves consecuencias para toda el conjunto de la economía. En palabras de D. Angel Laborda, director de coyuntura de la Fundación de Cajas de Ahorro, “el riesgo es serio e importante para el empleo y para las rentas de cientos de miles de ciudadanos”. Sólo el excelente comportamiento del resto de las bolsas internacionales, ha evitado un derrumbe de nuestro mercado de valores, lo que habría acelerado  la crisis.

Y sin embargo, el desplome de Astroc, es sólo la punta del “iceberg” de una situación que puede poner en grave riesgo no sólo al sector inmobiliario, sino también a muchas entidades financieras, particularmente Cajas de Ahorro, el 70% de cuyo crédito es al “ladrillo” y que han realizado  préstamos insensatos a  inmobiliarias no cotizadas, unas 40.000,  garantizados por activos cuyo valor hoy en caso de tener que realizarse, difícilmente alcanzaría los dos tercios de su valor de tasación. El famoso “efecto riqueza” inmobiliaria con el que Solbes y el Banco de España intentan quitarle importancia al endeudamiento masivo de familias y empresas, es un planteamiento económico delirante, que haría sonrojar a cualquier experto en renta y riqueza. A día de hoy, las diferencias con el valor de tasación pueden ser de hasta un 40% en la costa y hasta un 10% en las ciudades. Pero eso cuando las viviendas se venden, porque la realidad, y éste el nudo de la cuestión, es que no se vende casi nada.

Esto origina un desfase entre oferta y demanda absolutamente insostenible, que es lo que va ha hacer saltar por los aires la burbuja. Un aterrizaje suave podría haberse producido hace un par de años, si se hubieran realizado las reformas estructurales oportunas, nada se hizo y hoy, el abismo entre oferta y demanda y las condiciones de entorno, particularmente el gigantesco endeudamiento de familias y empresas y la subida de tipos de interés, hacen que un ajuste gradual sea muy difícil. En el momento actual hay casi 4 millones de viviendas sin vender, de las cuales 1,8 millones adquiridas para especular,  que la subida de tipos y la creciente incertidumbre sobre el futuro -vender hoy es peor que ayer pero mejor que mañana - obliga a liquidar cuando antes, a lo que se añade un millón de viviendas más en construcción, para una demanda, que siendo optimistas podríamos evaluar en 450.000 anuales.

No hace falta ser premio Nobel de Economía para comprender lo que se nos viene encima. A día de hoy son más probables los desplomes súbitos y sin previo aviso tipo Astroc, que los ajustes más moderados tipo grandes constructoras cotizadas con fuerte diversificación de activos. Como acaba de señalar D. Ricardo Vergés, arquitecto y economista del equilibrio, “no es que exista una burbuja, sino un antimercado, una burbuja de carácter extremo, y cuyas consecuencias son dramáticas para los más de 10 millones de familias hipotecadas que habrán de devolver 3,25 billones de euros, el equivalente a lo pagado por las viviendas construidas en los últimos once años”, por lo que advierte que lo que va a producirse es un “efecto pobreza” para los que han comprado pisos sobrevalorados.

Y en medio de éste cambio de tendencia, se produce el desastre de la pérdida de credibilidad en los mercados financieros internacionales, por el manifiesto incumplimiento del gobierno Zapatero a las reglas del Estado de Derecho, tanto que el departamento de Comercio de los Estados Unidos, aconseja a sus empresas tener sumo cuidado con las inversiones en España, y en caso de hacerlo, incluir siempre una cláusula obligando a que los posibles conflictos sean dirimidos por tribunales norteamericanos. Creo que la mayoría de la gente no es todavía consciente de la extrema gravedad de lo que está ocurriendo en España con la liquidación gradual del Estado de Derecho, con la vulneración sistemática de los derechos individuales donde ya no se respeta la presunción de inocencia, de la Constitución y de las Leyes, en función de los intereses particulares del único presidente de un gobierno democrático, para quien el asesinato y la mutilación de seres inocentes, la extorsión, la intimidación y la amenaza permanentes, son fórmulas perfectamente válidas de hacer política.

En los mercados financieros internacionales, el daño que han producido las manipulaciones de la oficina económica de Zapatero, resulta escalofriante. Y no sólo ellos, el subgobernador del Banco de España, Sr. Viñals, cometió una de los actos más indignos realizado jamás por un alto funcionario de ésta institución, al impedir con su voto en la CNMV, el que se investiguen las presuntas irregularidades cometidas por Acciona y Enel en la OPA de ENDESA, lo que ha hundido literalmente en el fango toda nuestra credibilidad  en el exterior, ¿cabe acaso mayor despropósito para el subgobernador de un banco central?  Creo que nadie duda hoy que en este primer trimestre de 2007 hemos alcanzado un auténtico punto de inflexión, aunque muchos esperen todavía un ajuste gradual y no un desastre.

Pero nuestros problemas económicos no se limitan desgraciadamente a las dos cuestiones mencionadas, sino a la marcha  de la economía en su conjunto, y particularmente al inmenso océano de injusticia en el reparto de la riqueza creada y la distribución de la carga tributaria entre las distintas clases sociales creada por el Sr. Zapatero. Sorprendentemente, la idea más arraigada entre las personas informadas de nuestro país, incluso aquellas claramente contrarias al gobierno, es que la economía va bien, y se basan en dos hechos, que el crecimiento absoluto es elevado y que se sigue creando empleo. Ambos referentes son difíciles de entender, el primero porque hasta un niño de primaria sabe que lo importante no es el tamaño de la tarta, sino el trozo que lo toca a cada uno, y que si la tarta crece pero el número de comensales crece más, el resultado es que cada vez tocamos a menos, cada vez estamos peor. En términos científicos se trata de un crecimiento que los economistas denominan tercermundista, derivado exclusivamente del incremento de la demanda interna por el aumento de la población, en nuestro caso,  del mayor proceso migratorio del planeta en palabras del INE, que siguen entrando al ritmo de unos 100.000 al mes, ¡se han legalizado casi 300.000 inmigrantes en el primer trimestre 2007!

El segundo efecto ya no lo entendería un niño de primaria, pero es también sencillo. El crecimiento de la población incrementa la oferta de trabajo, y esto produce automáticamente, como explican los modelos de oferta, un aumento del empleo y una disminución de los salarios reales, un proceso inevitable que nada tiene que ver con la política económica en el supuesto de que tal cosa existiera. Y el otro efecto ligado, supuesta disminución del paro, sencillamente es falsa, el paro bajó del 10,5 al 8,5% en enero 2005, como consecuencia de los cambios metodológicos introducidos por el INE a mayor gloria de Zapatero, en cifras homogéneas el paro no ha dejado de subir. Por ello, el indicador más  representativo de la marcha de una economía, es la renta por habitante, ya que es el único parámetro que permite saber si una economía crece o retrocede, así como la realización de comparaciones internacionales, simplemente es que no se puede medir de otro modo. Y según este índice, si tomamos la población real,  unos 46,5 millones de habitantes, España es el único país, no ya de Europa, sino de todo el mundo desarrollado, cuyo PIB “per cápita” ha retrocedido casi un 2% en los últimos dos años. A efectos comparativos los países europeos crecieron “per capita” una media del 2,2% en 2006 y un 3,4% la media mundial. Pero incluso utilizando las cifras infravaloradas que publica el INE,  según Eurostat, España dejó de converger con la Unión Europea en 2006, después de 11 años consecutivos de convergencia ésta se redujo en 3 décimas.

Pero ni siquiera la renta por habitante nos muestra la realidad económica individual, ya que no deja de ser una media que no tiene en cuenta la distribución de la renta entre las distintas clases sociales, y las cifras disponibles configuran una imagen de reparto de la riqueza casi medieval. La  más representativa, es sin duda la parte de los asalariados en el PIB, cuya caída el propio Solbes cuantificó hace unos días en la OCDE en dos puntos, hasta el 46,5%,  y que es la más baja desde que existen series estadísticas y la menor de toda la UE. Como comparación, en los años 60 y 70, la parte del trabajo en el PIB se acercaba al 55%, es decir éramos más pobres pero la distribución de la riqueza era mucho más justa. En concreto esta reducción supone una pérdida de riqueza de 1000 euros por asalariado y año. Y si hablamos de presión fiscal, ésta ha subido a su máximo histórico, pero sobre todo grava desproporcionadamente más a las rentas más bajas y a los jubilados.

Pero hay muchos más indicadores que cuantifican también el océano de desigualdad creado por el Sr. Zapatero. Los salarios reales han bajado en España un 5% desde junio 2004 frente a un crecimiento medio del 8% en la UE, y según la Agencia Tributaria 10,4 millones de trabajadores ingresan menos de 1000 euros mes, y 4,5 millones de pensionistas tienen que malvivir con menos 600 euros mes, tanto que el porcentaje de jubilados que vive hoy por debajo del umbral de la pobreza es del 48,5% una cifra auténticamente aterradora, y mientras tanto España es el país europeo con mayor crecimiento en el número de millonarios. Y como no podía ser de otra manera, esto es lo que directamente perciben los ciudadanos, una caída espectacular en el bienestar general. Así, según el barómetro del CIS, antes de las elecciones de 2004 el número de españoles que decía vivir bien o muy bien era del 44,2% cifra que ha caído hasta el 24,8% en enero 2007, y los que decían vivir mal o muy mal se han más que doblado, del 10,9% al 28,4%.

En resumen, la economía española ha alcanzado un punto de inflexión y los riesgos son ya serios e inmediatos. El banco  Morgan Stanley, estima una caída del crecimiento del PIB absoluto en 2008 hasta el 2,4%, y una reducción de la parte del sector de la construcción en el PIB desde el 17,7% actual hasta el 9%, exactamente igual que ocurrió en Alemania después del “boom” de la reunificación. En palabras de uno de sus responsables, “la economía española se enfrenta a un largo horizonte de sombras”, diez años en concreto, diagnóstico que coincide con el realizado hace unos meses por  ‘Bloomberg’ y por “The Economist”. Pero lo más rotundo han sido las estimaciones del Presidente de las Cajas de Ahorro, Sr Quintas, quien ha augurado que en breve se verá “un entorno en que crezcamos al 2% o incluso al 1%”, lo que equivaldría a una crisis de proporciones desconocidas. Por cierto, el Sr. Solbes se ha puesto hecho una furia porque la OCDE ha rebajado nuestro crecimiento para 2008 al 2,7%. En lugar de ello Sr. Solbes deje de engañar a los españoles con cifras que no significan nada, y  explíquenos qué pasa con el PIB por habitante, con la convergencia con Europa y con el reparto de la riqueza creada, todo lo demás es una pura estafa.

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